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Serena Williams, a la caza de Court

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A Serena Williams se le atascó la emoción en la garganta tras ganar a Anastasija Sevastova y asegurarse un puesto en la final del US Open. Una nueva pelea por un gran trofeo cuando hace un año luchaba por su vida. Un día como hoy, del año pasado, era operada por tercera vez para solucionar los problemas de coagulación que surgieron después de haber dado a luz a su hija. Hoy intentará ganar el título número 24 de Grand Slam de su carrera; y emular así a Margaret Court por fin, quien marca por el momento, el techo del tenis.

«Llegar aquí después de estar en aquella cama de hospital, sin poder moverme ni caminar ni hacer nada...», comenzó su discurso. Todo aquel sufrimiento se ha convertido en valentía y fuerza en este año en el que, sin estar al cien por cien, acomete su segunda gran final, después de la de Wimbledon -perdió contra Angelique Kerber-. Esto es Nueva York, su casa, donde ha ganado en seis ocasiones y donde en estas dos semanas ha brillado en tutús azules y negros. Para acallar las críticas que suscitaron el traje de superheroína, y terapéutico, en Roland Garros y reivindicar que puede ganar se vista como se vista.

Con casi 37 años
Le queda un partido, una noche mágica más en Flushing Meadows, contra Naomi Osaka, una tenista con desparpajo y tenis a raudales. Es la veteranía de los 36 años, contra la osadía de los 20. La experiencia de 72 títulos contra solo uno. Es el respeto meditado de Williams -«es una jugadora agresiva, con mucho talento»-, contra el espontáneo «Te quiero, Serena» de Osaka, que siempre soñó con un momento como este. Pero en sus enfrentamientos es la japonesa, primera de su país en una final de Grand Slam, quien tiene el balance a favor. Jugaron en marzo, en primera ronda del torneo de Miami, en pleno despegue de la joven, y al inicio de la recuperación física y mental de la mayor.

En 1999, Osaka tenía un año cuando la estadounidense ganaba su primer «grande». Hoy (22.00 horas, Eurosport), juntarán las ambiciones. Una por estrenarse en la elite, otra por confirmar que se puede ser todo al máximo: mujer, tenista, madre, campeona. Williams siempre ha sido referencia, por todo lo que ha logrado dentro y fuera de la pista, pero también ha amoldado su tenis a las circunstancias de su cuerpo y a las rivales, cada vez más jóvenes, cada vez más capaces, y que han crecido viéndola ganar. Más agresiva que nunca, no escatima sudor para atajar los puntos en la red. «He estado trabajando en mis voleas. Aunque reconozco que normalmente solo vengo para estrechar la mano con mi rival -bromeó-. Siento que mi tenis todavía puede crecer un poco más. Esto es solo el principio», advirtió.

Si gana su séptimo entorchado en Nueva York se quedará a las puertas del top ten del circuito femenino, del que salió para ser madre y que, por un año alejada de las pistas por la maternidad y sus consecuencias, acabó en el puesto 491. Además, deshará su empate con Chris Evert en estas pistas y emulará a Margaret Court en el total de coronas. Si hace firme su amenaza de mejorar, el techo de los 24 Grand Slams será solo un impulso para aumentar su leyenda.

Williams quiere mirar hacia delante y cambiar el dolor por la alegría. No puede olvidar lo que sufrió, pero sí convertirlo en energía. Hace un año luchaba por su vida, hoy lucha por alcanzar el cielo del tenis.

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