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«No hace falta acabar con el aburrimiento de nuestros hijos»

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Los niños están poco acostumbrados al aburrimiento. La sobreestimulación a la que están sometidos y las rutinas diarias de ir colegio, a extra escolares, a casa a realizar deberes, ducharse, cenar... les dejan poco espacio para experimentar los efectos del aburrimiento y, en el caso de tenerlo mínimamente, el uso de las nuevas tecnologías se encargan de apaciguarlo.

Por este motivo, el verano, con la ruptura total de las rutinas, ofrece mucho tiempo que hay que ocupar «y ese es precisamente el problema –apunta Silvia Álava Sordo, psicóloga del Centro de Psicología Álava Reyes– que los niños no están acostumbrados a tener tanto tiempo libre y no saben que hacer». ¿Resultado? «Mamá, ¡me aburro!».

Los padres deben tener en cuenta que, según Álava Sordo, estar ocioso no es malo; todo lo contrario. «Es el momento en el que el niño, o el adulto, tiene ocasión de hacer una introspección hacia él mismo, de reflexionar, pensar pausadamente sobre sí mismo para conocerse mejor. Lo que es muy importante». Añade que en nuestra sociedad se está asociando que estar solo es estar aburrido y negativo, «lo que es un verdadero problema porque la soledad, cuando es puntual, es buena precisamente porque nos ayuda a pensar y conocernos mejor a nosotros mismos. Si no cambiamos esta forma de pensar, los niños, de mayores, sufrirán mucho cuando se enfrenten en algún momento a la soledad».

Aun así, muchos padres reconocen que cuando escuchan en sus hijos la palabra «aburrimiento» se ponen nerviosos e, incluso, se sienten culpables. «Deben reflexionar y pensar que no pasa nada malo por que se aburran –añade Violeta Alcocer, psicóloga y neuropsicóloga clínica–. Seguro que ellos, de pequeños, también lo hicieron, y no les ha pasado nada grave ni les ha creado ningún trastorno. Ser buenos padres no significa que nuestros hijos estén siempre felices, entretenidos, estimulados, tranquilos... Eso es imposible por la propia educación –que conlleva imponer límites y normas–, por que los hijos están en pleno crecimiento y lo que les entretenía ayer, hoy no les gusta, y por que los padres tienen múltiples ocupaciones y no pueden estar todo el tiempo a merced de los intereses o deseos de sus pequeños».

Excelente oportunidad
Los ratos en los que no encuentran nada que hacer son, además, excelentes oportunidades para que pongan en marcha su imaginación y den rienda suelta a su creatividad para crear nuevos juegos, pensar en lo que les gustaría hacer... «Esas oportunidades están, sin embargo, cada vez más limitadas porque los padres, agobiados por la falsa creencia de que el aburrimiento es negativo, les dejan que se enganchen a los videojuegos donde toda la acción es dirigida y los niños solo tienen que dejarse llevar sin apenas pensar –explica Álava Sordo–. En generaciones anteriores el juego era más libre y los niños decidían cómo hacerlo o se inventaban reglas o formas de hacerlo diferente. Ahora no, todo es dirigido».

Tampoco hay que obviar que, en ocasiones, los hijos también trasladan a sus padres que se aburren como un reclamo porque están deseando compartir un tiempo juntos a ellos. En verano los pequeños demandan más la atención de los padres, mientras que ellos lo que quieren en las vacaciones es descansar de todo, incluso de su rol de padres, y para ello, cuando el pequeño dice que se aburre en ocasiones es habitual que los progenitores le digan «pues vete a tu habitación a jugar», cuando en realidad lo que quieren es estar al lado de los padres. Para lograr un equilibrio, lo interesante es que el pequeño pueda jugar cerca de sus padres. «No pasa nada por no responder a sus demandas de hastío –insiste Álava Sordo–. No hace falta acabar con el aburrimiento de los hijos. Hay que relajarse, no somos los monitores de tiempo libre de los hijos».

En los adolescentes, la sensación de aburrimiento cambia porque sus intereses personales son distintos. «Ya no está tan relacionada con la falta de compañía de papá y mamá –asegura Violeta Alcocer, psicóloga y neuropsicóloga clínica–. Ahora hay momentos en que sienten apatía, pero no saben qué es exactamente lo que les llena, lo que quieren. La labor de los padres en este periodo es fundamental porque, en parte, depende de ellos que encuentren el camino para que sientan interés hacia ciertas áreas como la fotografía, el deporte, la cultura, las manualidades, la programación... Pero, no hay que desesperarse porque no es fácil que localicen a estas edades asuntos que les motiven».

Integrarles en los planes
«Papá, me aburro» es una frase que se repite una y otra vez por parte de estos jóvenes, incluso cuando van de viaje en familia, lo que puede arruinar las ansiadas vacaciones por terminar cada día con una discusión. Ante este panorama, Violeta Alcocer recomienda a los progenitores paciencia, como no puede ser de otra manera. «Lo interesante es que cuando los padres planifiquen sus vacaciones no lo hagan de manera unilateral, sino que, inviten a su hijo a sentarse a la mesa y ver juntos los mapas, las opciones de ocio de los distintos sitios que se barajan para viajar... De esta forma se sentirá integrado, parte del plan. Es conveniente preguntarle qué le gustaría hacer allí o visitar, de manera que también pueda hacer su propia aportación, lo que le servirá de gran motivación. Es una forma de ser flexibles y lograr un equilibrio familiar».

Una vez emprendido el viaje, Silvia Álava Sordo recomienda a los padres utilizar al máximo el sentido del humor como respuesta a sus comentarios de apatía. «También es interesante utilizar técnicas de mindfulness, como las de atención plena. Se le puede plantear que se imagine que ellos son un extraterrestre que va a de llegar a la tierra y está descubriendo todo para luego contárselo a sus compañeros de vuelta a su planeta. Para ello, deben fijarse en muchos detalles de la iglesia, de la plaza, de la estatua... del pueblo que estén visitando. Centrando su atención en esos detalles y pensando porque son así y no de otra manera, dejarán de tener una visión general del paisaje y olvidarán por un rato su sensación de aburrimiento o pérdida de tiempo».