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Márquez, como el primer día

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Desde su irrupción en MotoGP, Marc Márquez ha disputado 103 grandes premios. Ayer, en Buriram, logró su pole número 50. Para marcar también territorio inexplorado, en este curso en el que se estrenaba el Gran Premio de Tailandia. Además, esta quincuagésima ocasión la logró con otro de esos hitos con los que ha forjado su brillante historial: se convirtió en el primer piloto en conquistar la «pole» pasando por la Q1, la primera criba de la sesión de clasificación. Márquez hoy (Movistar MotoGP, 9.00h), igual que el primer día.

Ha sufrido caídas, resbalones, sustos. Ha sumado victorias, podios y ceros. Ha levantado títulos, aficionados y motos. Pero nada ha perturbado su forma de actuar, de correr, de vivir el motociclismo. Su pilotaje mordaz, directo, apasionado y convencido fue bien recibido en ese primer año en el que todo se trató como un juego. Era el novato y lo hizo mejor que nadie. Hasta los adelantamientos que rozaban los carenados se celebraban por propios y rivales.

Su «ir al límite» es lo que le ha hecho ser quien es. Un piloto descomunal con cuatro títulos de MotoGP (2013, 2014, 2016, 2017) en cinco temporadas, con una racha de once victorias consecutivas en 2014, con números de récords por precocidad, por velocidad, por ser el primero en casi todo lo que se proponía. También es lo que le ha hecho ir acumulando enemigos por su efusividad en la pista.

El mayor de sus detractores sigue siendo Valentino Rossi, con el detonante de Sepang 2015 en el que el italiano tiró al español y lo acusó de haberlo molestado durante toda la carrera solo para hacerle perder el título. En este curso, Rossi se negó a darle la mano en la rueda de prensa del Gran Premio de San Marino y su equipo no aceptó las disculpas del español tras una caída en Argentina. Maverick Viñales, que lo conocía bien de las categorías inferiores, sufrió las excesivas ganas de Márquez ya en 2017: «Ahora ya sabemos dónde está el límite. Creo que lo ha hecho a conciencia, es difícil no hacerlo a conciencia. Es algo que me guardo en el bolsillo por si alguna vez tengo que utilizarlo», afirmó el de Yamaha. Este año, en los entrenamientos de Austin Márquez fue sancionado con tres posiciones de parrilla por molestarlo en una vuelta de los libres.

El último choque, en pista y en los micrófonos, lo protagonizó en Aragón con Jorge Lorenzo. Un cruce de palabras y versiones que está lejos de haberse terminado. «Me ha arruinado la carrera. No se gana todo en la primera curva. Se puede pilotar agresivo, pero dejando espacio a los demás. Espero que venga a pedirme disculpas y que no me lo haga más. Fue irresponsable e imprudente», comentó el de Ducati tras caer en la primera curva en Alcañiz. Una llamada de teléfono apaciguó la situación, pero no acercar las posiciones.

Fidelidad
A pesar de que amplía su colección de rencillas y enemigos por su forma de correr, Márquez se ha mantenido fiel a su estilo. El que le ha hecho ganar y con el que se siente él mismo. Solo en 2015 dejó de sonreír por las circunstancias y se dijo que así no. Y no tiene intención de cambiarlo. Porque también él recibe embistes, lances del juego en su opinión. «Siempre he intentado correr con intensidad, pero en Argentina fue un cúmulo de circunstancias. Por mala suerte toqué a Valentino y después entró en la hierba y se cayó. Entendí el error, fue mío y fui sancionado. Voy a seguir siendo el mismo, ir al límite y mantener el ADN dentro de las reglas», aseguró sobre su accidente con el piloto de Yamaha. Con el Mundial 2018 más que encarrilado dejó la calculadora en el garaje para lanzarse a la victoria en Aragón. «No hice nada malo. Volvería a hacer esa primera curva exactamente igual», contestó a las palabras de Lorenzo.

En Tailandia, donde la Ducati de Andrea Dovizioso parece tener mejor ritmo y las Yamaha también amenazan, apuró a una vuelta todas sus energías para llevarse la pole. Nunca lo ha escondido: si puede ser primero no esperará a ser segundo. Lejos de apaciguar su hambre, los títulos lo mantienen en esa línea inestable entre la agresividad, para algunos, y la maestría, para otros. Lo tiene todo de cara para atrapar su quinto título de MotoGP y ampliar todavía más su libro de oro. Márquez es hoy el piloto que fue el primer día. Es su estilo.

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