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Laia Sanz: «Estoy preparada para sufrir en este Dakar»

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El próximo 6 de enero arranca la carrera de vehículos más dura del planeta. Durante doce días, 138 pilotos de motos de 33 países diferentes pelearán por llegar los primeros a la línea de meta tras un recorrido que transcurrirá íntegramente por suelo peruano. Una de ellos será Laia Sanz, heptacampeona del rally Dakar, en la categoría femenina de motos, en 2011, 2012, 2013, 2014, 2015, en el que logró el noveno puesto absoluto, siendo el mejor resultado femenino de la historia, 2016 y 2017. Histórica de una carrera que tiene 41 ediciones de vida, Sanz estuvo a punto de quedarse fuera del rally raid de este año a causa de los efecto de una doble infección bacteriana. La piloto de KTM sufrió primero una mononucleosis y posteriormente la fiebre Q, que le provocó una neuropatía que le ocasionaba visión borrosa, debilidad en los brazos, que en alguna ocasión le impidió hasta firmar autógrafos, e incluso anomalías cardiacas. Pero la catalana ha podido recuperarse a tiempo aunque el objetivo, en esta ocasión es mantener la dignidad en la carrera más exigente del mundo.

«Estoy mejor pero no al cien por cien. Ha sido muy duro, un calvario. Ha habido días en los que mi última preocupación era el Dakar, sólo quería encontrarme bien y poder hacer vida normal», reconoce la piloto, que no ha podido preparar la carrera, ni participar en el rally de Marruecos, ni tampoco acudir a los entrenamientos colectivos que KTM preparó en Abu Dabi.

Más motivación que físico
«Tenía la moto en el garaje y no la podía utilizar. He ido a contrarreloj, no ha sido fácil volver a entrenar», reconoce insistiendo en sus problemas físicos: «Poco a poco me he sentido mucho mejor, pero he pasado meses muy malos. En los últimos días me he vuelto a sentir deportista. Lo peor ha sido que todo esto me haya ocurrido a finales de año. Es que no podía ni hacer vida normal». Para colmo de males sabe que el recorrido de esta edición tampoco le beneficia: «Para afrontar un Dakar tienes que estar al 200 por cien. Veremos cómo me encuentro, la motivación me ayudará mucho».

El gimnasio ha sido escenario habitual en sus días de convalecencia en el que ha tenido mucho tiempo para pensar, «incluso demasiado», y en el que su carrera deportiva se ha tambaleado: «Han sido meses de médicos, de sufrir mucho. Hasta diciembre no he empezado a estar bien, las cosas han venido así, esperemos pasar lo mejor posible. No sabía qué me pasaba. He dudado sobre si podría competir en el Dakar. No estaba acostumbrada a las lesiones, no tengo la preparación, pero sí la ilusión. El proceso de recuperación se ha alargado más de lo pensaba y por eso la motivación es un plus», insiste.

Lo ha pasado tan mal que el mero hecho de poder estar en la línea de salida, en Lima, ya es un triunfo para ella. Acostumbrada a ganar, se le hará complicado pelear únicamente por acabar el rally. «Es una incógnita cómo me encontraré, tengo que ser realista. Me ayuda la experiencia, pero también que hubiera más navegación, más días. Estoy concienciada para sufrir», relata sin abandonar su tono optimista. No le gusta ir de víctima, por lo que deja muy claro que si no estuviera recuperada no participaría en una carrera que define como «un rally corto». Y asegura que «será una incógnita porque no sé si tendremos una navegación difícil y con mucha arena».

Laia Sanz tiene claro que «el Rally de este año será un poco extraño» porque se disputa en un solo país y acaba el 17 de enero. «Será una carrera al sprint, un año distraído para el público, porque hay muchos pilotos con opciones», insiste. Será un raid de 5.000 kilómetros que transcurrirá en el desierto peruano y en el que en un 70 por ciento del trayecto las únicas referencias serán los GPS y los libros de ruta.

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