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El «negocio» de la vela olímpica

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La Reunión Anual de la World Sailing, que se celebró entre finales de octubre y principios de noviembre en Saratosa (Estados Unidos), sirvió para colocar a la vela olímpica al límite de los límites. Si ya de por sí la vela hace unos años que viene siendo cuestionada por parte del Comité Olímpico Internacional (COI) porque según dicen es un deporte que no da audiencias de televisión, si encima dentro de la propia federación se ha creado un cisma, pues apaga y vámonos. Se los están poniendo fácil, fácil para que después de París 2024 la vela pase a la categoría de deporte no olímpico.

La frase celebre del barón de Coubertain, padre de los Juegos Olímpicos modernos, que dice que “lo importante es participar”; hace tiempo que ha pasado a mejor vida. El COI desde hace años es un organismo que lo que busca es ganar dinero, ellos eligen una ciudad, y luego ésta es la que corre con todos los gastos organizativos. Esto es lo que ha querido copiar por ejemplo la World Sailing, que desde Santander 2014 ha visto un filón a modo de canon para conceder eventos, pero sobre todo en la elección de las clases olímpicas, las únicas que pueden dejar buenos réditos a la federación internacional, que por cierto, pasa por un momento económico harto delicado.

¿Y cual es la manera de poder obtener ingresos de una forma meridiana? Pues creando monopolios dentro de las clases olímpicas, donde haya un solo constructor para cada una de ellas. Desde Barcelona 92, han ido aniquilando cualquier clase olímpica en la que pudiera haber libertad de construcción y venta. El primero en caer fue el Flying Duchtmann, después el Star, el Soling y el Yngling; y ahora están en el aire el 470 y casi fuera del todo, el Finn.

En la Reunión de medio año celebrada en marzo ya hubo una primera votación, en la que se tomó una decisión de que hubiera un barco doble mixto –por ejemplo el 470- y que hubiera un solitario, que para cumplir con el tema de equidad de sextos, podría ser un evento mixto con un barco masculino –que podría ser el Finn- y otro femenino –se hablaba que podría ser el Europe-, de ahí se sacaría una clasificación conjunta.

Pero en la Reunión Anual la World Sailing, el presidente Kim Andersen y el CEO Andy Hunt, se sacaron de la manga una Submission (37/18) donde hubo que volver a votar y donde se substituía el solitario (Finn) por un barco quillado offshore. Esto levantó un gran revuelo, allí votaron el Events Commitee, el Council y decidía la Asamblea General, formada por las federaciones. España está incluida en el Grupo E junto a Portugal y Andorra, ahí como ocurriera en la de medio año, primero parece que votaron por cambiar de clases; pero en la Asamblea –después de recibir numerosas presiones desde España- parece ser que la RFEV la presidenta anunció que estaba de acuerdo con los cambios, pero que a lo mejor hubiera sido preferible que fueran para dentro de 10 años. Un poco tarde, y mal.

No es normal que en un país donde el mayor número de medallas olímpicas haya sido en Finn y 470 y donde tenemos actualmente a dos campeones del mundo junior en 470 y un subcampeón mundial en Finn, la RFEV votara en contra de estas clases.

Total, un auténtico galimatías en el que al final los perjudicados han acabado siendo los de siempre, los deportistas.