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Andy Murray anuncia entre lágrimas su retirada

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El británico Andy Murray anunció entre lágrimas en la rueda de prensa previa a la fase final del Abierto de Australia que su intención es retirarse tras el Grand Slam de Wimbledon como consecuencia del calvario por el que ha atravesado en el último año por su lesión en la cadera.

Murray, de 31 años y actual 230 del mundo, rompió a llorar en la rueda de prensa previa al Open de Australia al explicar el calvario sufrido en el último año tras ser operado de la cadera en enero de 2018.

¡El momento en el que Andy #Murray anunciaba su retiro después de #Wimbledon! 😔😢 #TENISxESPN #AUSTRALIAxESPN pic.twitter.com/S7tefc3xbl— ESPN Tenis (@ESPNtenis)

11 de enero de 2019Ni la gorra ni la mano ocultaban el dolor, la frustración, la agonía de un Andy Murray abatido que anunció por sorpresa su retirada del tenis. No esta semana, cuando comienza el Abierto de Australia, ni mañana. Ni siquiera él sabe cuándo. Solo la cadera lo sabe, y no aguanta más. Su decisión viene obligada por el sufrimiento de una lesión que lo atormenta desde hace tiempo y que lo ha empujado en estos dos últimos años al precipicio del adiós. «He dejado de disfrutar del tenis y de entrenar. El dolor es demasiado. No soy capaz de continuar así cuatro o cinco meses más. Le dije a mi equipo que aguantaría hasta Wimbledon. Ahí es donde quiero parar. Si es que llego hasta entonces. Pero es posible que este Abierto de Australia sea mi último torneo», confesó con pausas, manos a los ojos, hombros hundidos, silencios. En mayo cumplirá 32 años. Esto también es deporte.

La cara más amarga para un tenista único por sus logros con la raqueta y su imagen fuera de ella. Ha sido, durante toda su carrera, el contrapunto a los tres grandes: Rafa Nadal, Roger Federer y Novak Djokovic. Con un juego táctico, mago de la estrategia y de la constancia, imposible adivinar sus golpes ni agotar sus energías. Con 45 títulos, se estrenó entre los grandes con el US Open 2012, pero destaca en su vitrina, por encima de todos, el primer Wimbledon que levantó en 2013. El escocés pasó a ser británico aquella tarde de julio tras derrotar a Novak Djokovic. La colina de la Catedral del tenis se bautizó con su nombre porque sucedía, por fin, a Fred Perry como campeón de casa, 77 años después. Ya consolidada por fin su valía y su candidatura a todo, volvió a besar la Copa en 2016. Un año sublime para el de Brisbane porque fue padre en febrero, se colgó su segundo oro olímpico, en Río, tras el de Londres 2012, y terminó como número 1 del mundo, donde se mantuvo durante 41 semanas.

Un año en el que, después de siete títulos y de convertirse en mejor tenista en tierra batida, finalizó su relación profesional con Amelie Mauresmo, a quien contrató en 2014 convirtiéndose en un hecho revolucionario que cambió más de una mentalidad. Porque Murray, dueño de catorce Masters 1.000 y un tenis completísimo en todos sus golpes, también es uno de los más comprometidos con la igualdad entre mujeres y hombres en el planeta tenis: en el Masters 1.000 de Roma 2016 decidió que cobraría la misma cantidad de dinero que las mujeres, que cuentan con menos premios que los hombres; en Río 2016 corrigió a un periodista que le dijo que era el único con dos oros olímpicos: «Las hermanas Williams tienen cuatro cada una», espetó; en Wimbledon 2017 también incluyó a las mujeres cuando otro periodista hizo repaso de la historia de este deporte: «Tenista masculino», matizó al hablar sobre semifinalistas estadounidenses en un Grand Slam, en el que fue su último partido antes de que la cadera tomara las riendas de su vida.

«Lo he intentado todo»
Porque tras aquel 2016 de ensueño, llegó la pesadilla. La cadera, que le molestaba desde hace años, se convirtió en una tortura. Intentó encontrar soluciones en el descanso y en la medicina. Acortó su 2017 y pasó por el quirófano en enero de 2018. Reapareció tímidamente en junio, casi un año después, pero renunció a Wimbledon pocos días antes de empezar. Sumó solo doce encuentros en el curso. Y en diciembre, a pesar de intentarlo una vez más, la decisión. «He hecho todo lo posible para estar mejor, pero nada ha ayudado. Siento mucho dolor. Desde hace unos veinte meses. Incluso en el día a día, al calzarme o ponerme los calcetines. Puedo seguir jugando, pero no al nivel que me hace feliz», confirmaba ayer con el dolor asomándole en los ojos y el orgullo obligándolo a salir de la sala para recomponer su valor.

El planeta tenis ya siente su ausencia. David Ferrer, Rafa Nadal o Novak Djokovic le mandaron su apoyo. «No dejes de intentarlo, sigue luchando. Puedo imaginar tu dolor y tu tristeza. Espero que puedas superarlo. Mereces retirarte según tu propia decisión», le regaló Juan Martín del Potro, otro guerrero ante las lesiones. Murray lo ha intentado todo. La cadera dice adiós por él, aunque devolverá hasta la última pelota para llegar a Wimbledon.

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