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Al Madrid le llegan los goles

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El once del Viktoria Plzen lo forman: Hruska; Rezník, Hejda, Hubník, Limberský; Procházka, Hrosovský; Havel, Cermak, Kopic; y Chory.

El Real Madrid comienza con: Courtois; Odriozola, Nacho, Sergio Ramos, Reguilón; Casemiro, Kroos; Lucas Vázquez, Ceballos, Bale; y Benzema.

Santiago Solari sorprende con el equipo titular del Real Madrid para medirse en la República Checa al Viktoria Plzen, apostando por Thibaut Courtois como su portero en la competición y dejando en el banquillo a Isco Alarcón, Luka Modric y Marco Asensio.

Solari está tomando las decisiones que Lopetegui rehusó tomar. Acabó con el reparto salomónico de la portería dándole la titularidad a un sereno Courtois, retocó el sistema hacia el 4-2-3-1 y mandó arriba a Bale con todo su gran poder rematador, que estaba inutilizado en la banda. Su lugar quedó para Lucas, un jugador con excesiva confianza en sí mismo.

El inicio del partido fue crítico para el Madrid. La presión local era intensa y durante quince minutos la salida del balón fue un fracaso colectivo. Nacho se disparó al larguero y el Viktoria apretó en un par de jugadas.

El borbotón de juego checo fue remitiendo por un par de causas. Ramos le hizo un “Salah” nasal a Havel, afianzando una fama internacional que ya es traumatológica.

Mediaron también causas naturales. A los quince minutos, el Viktoria se cansó de correr y su presión aflojó. El Madrid marcó antes de poder imponer su juego. Se bastó Benzema, que partiendo de la zona izquierda se fue hacia la portería y paró en seco. De Gento se decía que lo importante no era cómo corría sino cómo paraba. Benzema se detuvo secamente y a los que quedaron en frente los recortó con soltura. Acabó una jugada de alta costura con caño al portero local. Además de esa virguería, su entendimiento con Bale recordó puntualmente al que tenía con Cristiano.

El segundo gol llegó muy poco después: córner de Kroos y cabezazo fuerte y esquinero de Casemiro. Al Madrid se le abría de repente una vaina de goles. Bale y Benzema iban saliendo de las sombras de la negación, como si abandonasen juntos un oscuro divorcio.

El Madrid estaba ya 0-2 sin haber hecho mucho; el Viktoria era una calamidad aérea. Pero el juego colectivo del Madrid se animó y tras un leve bajón a la altura de la media hora (ocasión del Viktoria en el 33), llegó la segunda remesa de goles. En el 0-3 Bale la ganó de cabeza para Benzema, y en el 0-4 fue al revés: peinó Benzema para el remate galés tras un buen pase de Reguilón, que prolongó las optimistas impresiones de su partido liguero.

Tras el descanso, el partido continuó siendo una sucesión de saques de esquina para el Madrid. Era un partido muy de ida y vuelta, quizás con demasiadas contras y ocasiones del Viktoria. El Madrid no terminó de estar bien en defensa.

Solari les dio media hora a Javi Sánchez y Vinicius, un gesto apreciable y otra constatación de que es un vivo.

Vinicius comenzó a correr y terminó de romper al Viktoria. Le dio el quinto a Kroos, que elevó con un toque sutil coronando un partido de rango europeo. Era un ejemplo de cómo la entusiasta velocidad de un recién llegado servía a la clase cansada de Kroos, la revitalizaba.

El 4-2-3-1 distribuye la plantilla de otra manera. Es la misma, pero cunde más. Y a falta del central experto y del Efecto Pintus, el Madrid tiene ya dos jugadores por puesto. Reguilón, Odriozola, Ceballos o Vinicius le dan otra respiración que complementa el estatismo remolón de los veteranos.

Una de las cosas más reseñables de la segunda parte fue el intento de chilena de Lucas Vázquez, que cuando llegó Zidane era el símbolo de la regeneración del vestuario, la vuelta a la humildad, y ahora, al llegar Solari, es también a su modo el símbolo del ligero o no tan ligero desajuste de los egos tras tres Champions. Lucas se atrevió con chilenas, paradiñas en el área a lo Butragueño o achulapados intentos de tacón...

El Madrid ha de recomponer sus contrataques para Vinicius, para estar a la altura de su velocidad. Con él y Bale puede volver a correr el Madrid. Vinicius lo hace con desenfreno.

Solari ha ganado en Copa, Liga y Champions y además ha regenerado los neurotransmisores de un equipo hundido. El ataque ha mejorado, aunque la defensa sigue siendo proclive al desastre. Fue, en fin, una victoria reconstituyente en uno de esos estadios-balneario que hay en Europa, y sirvió para que el Madrid reencontrara una imagen de sí que había perdido.