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La obsesión por controlar la temperatura para no pasar frío favorece la epidemia de sobrepeso y obesidad



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Las temperaturas bajas aumentan los niveles de una proteína que estimula la grasa parda, buena, y hace que la blanca, mala, adquiera las propiedades quemagrasas de la primera.

Muchas personas que durante las pasadas navidades se han mostrado un pelín ‘indulgentes’ con su dieta desearían un buen ‘chorro de aire frío’ para quemar el excedente de grasa adquirido durante las fiestas. Porque, según un equipo de investigadores de la Universidad de California-Berkeley (EE.UU.), la exposición a las bajas temperaturas aumenta los niveles de una proteína que es fundamental para la formación de la grasa marrón o parda, también conocida como grasa ‘buena’ ya que consume energía, es decir, calorías, para generar calor.

Según los investigadores, con la exposición prolongada al aire frío, la proteína, llamada factor de transcripción Zfp516, también hace que la grasa blanca, la más abundante en nuestro cuerpo, sea más similar a la grasa marrón en su capacidad para quemar energía y, por ello, para perder peso.

En un trabajo que se publica en «Molecular Cell» los investigadores encontraron que los ratones con niveles elevados de la proteína Zfp516 ganaban un 30% menos de peso que los ratones control cuando se alimentaron con una dieta alta en grasa. Los resultados arrojan más luz sobre un tipo de grasa que ha centrado la atención en los últimos cinco años.

«Saber que las proteínas regulan la grasa parda es relevante porque ésta es importante no sólo para la termogénesis o producción de energía, sino que pensamos que también puede afectar el metabolismo y la resistencia a la insulina», explica el investigador principal Hei Sook Sul. Y añade: «si fuera posible aumentar, de alguna manera, los niveles de dicha proteína a través de fármacos, se podría incrementar la cantidad de grasa parda en el organismo y, posiblemente, se facilitaría la pérdida de peso, incluso cuando se ingiere la misma cantidad y tipo de alimentos».

 

Ambientes cálidos

A diferencia de la grasa blanca, que almacena el exceso de energía, la grasa parda quema energía para mantenernos calientes. Hasta hace poco se pensaba que en los seres humanos la grasa parda estaba presente únicamente en los bebés, pero recientemente se ha descubierto que también lo está en los adultos, alrededor de áreas tan vitales como el corazón, el cerebro, el cuello y la médula espinal.

El problema, señalan los autores del trabajo, es que pasamos la mayor parte de nuestra vida en zonas con temperaturas ambientales controladas, por lo que nuestra necesidad de grasa parda ha ido disminuyendo con el tiempo, lo que ha favorecido la epidemia de sobrepeso y obesidad actual.

Por ejemplo, indica, se ha visto que las personas que trabajan al aire libre en el norte de Finlandia y que están expuestos a temperaturas muy frías tienen una mayor cantidad de grasa parda que los de la misma edad pero que realizan su trabajo en el interior, donde la temperatura es más cálida. Sin embargo, añade Sul, «el porcentaje de grasa parda en los adultos sigue siendo pequeño en comparación con la grasa blanca. Además, sabemos que las personas obesas tienen niveles más bajos de grasa parda».

En concreto, el equipo de la Universidad de Berkeley descubrió que la proteína Zfp516 activa la disociación de la proteína 1 (UCP1), presente únicamente en las mitocondrias de la grasa parda y que participa en la generación de calor. «Y a pesar de que la cantidad de UCP1 producida por las células similares a la grasa parda es inferior a la generada por la grasa parda clásica, teniendo en cuenta que el 90% de nuestro cuerpo se compone de grasa blanca, encontrar una manera de transformar la grasa blanca en parda podría tener un impacto significativo», afirma Sul.

Los investigadores han ido más lejos y cuando desactivaron el gen de la proteína Zfp516 en embriones de ratón, éstos no desarrollaron ningún tipo de grasa parda. Pero en otro trabajo vieron que los ratones que tenían niveles más elevados de la proteína Zfp516 fueron capaces de convertir el tejido de grasa blanca en otro similar a la grasa parda cuando se exponían al aire frío. Después de pasar cuatro horas en una habitación a 4 grados, la temperatura corporal de los ratones con la proteína sobreexpresada Zfp516 fue, de media, 1 grado por encima de un grupo control de ratones con niveles normales de la proteína.

«Esta diferencia en la temperatura del cuerpo es enorme para los ratones», aclara otro de los autores, Jon Dempersmier. «La grasa similar a la parda, la fabricada a partir de la grasa blanca, es modificable por el frío».

 

Diabetes

Los investigadores observaron además que los ratones con sobreexpresión de la proteína Zfp516 ganaron menos peso que sus colegas de camada después de que ambos grupos consumieran una dieta alta en grasas durante cuatro semanas. «Los datos sugieren que los ratones transgénicos estaban protegidos de la obesidad inducida por la dieta –subraya Sul-. De hecho, esta proteína podría convertirse en una diana importante para el tratamiento y prevención de la obesidad y las enfermedades relacionadas con ésta».

Además los investigadores ven una posible aplicación para el tratamiento de la diabetes. La grasa parda está activa y quema las calorías para mantener el cuerpo caliente -confirma Dempersmier-. De esta forma, al quemar la grasa, se quema glucosa. Así que la idea es que si lo podemos aprovechar, podemos usar en el tratamiento para la pérdida de peso y la diabetes».

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