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La deshidratación no siempre avisa



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Síntomas de deshidrataciónPara garantizar una buena hidratación hay que equilibrar las ingestas de líquidos con lo que se pierde durante el día a través de la orina, la sudoración, y la transpiración insensible.

Cuando el calor aprieta es conveniente mantener adecuada hidratación. Según el European Hydration Institute (EHI), esto es especialmente importante cuando se realizan actividades físicas o incluso durante los viajes y desplazamientos en carretera.

Los mareos, el cansancio, el dolor de cabeza, la debilidad o la somnolencia son síntomas de deshidratación. El EHI advierte que pueden llegar a afectar al rendimiento físico, la capacidad cognitiva, la termorregulación e incluso a alterar la función cardiovascular.

Según Lluís Serra-Majem, del European Hydration Institute: «las consecuencias de no estar correctamente hidratados en la salud pueden ser de dos tipos: agudas, que pueden aparecer en horas o a los pocos días de beber pocos líquidos, como dolor de cabeza, falta de concentración, sed o incluso pérdida de conciencia, o crónicas, como estreñimiento, falta de rendimiento, o incluso en enfermedades más graves».

 

Recomendaciones

Los requerimientos de agua varían de unos individuos a otros en función del grado de actividad, ejercicio, patrón dietético, humedad ambiental, etc. No obstante, existen unos requerimientos mínimos que pueden considerarse aproximadamente en 1 mL/kcal ingerida para una persona que respira un aire de 20 ºC y con un 50% de humedad.

Así, un lactante presenta una mayor necesidad de agua debido a la capacidad limitada de sus riñones para controlar la carga de soluto renal, a su mayor porcentaje de agua corporal y además tienen un área de superficie muy grande por unidad de peso corporal que aumenta sus pérdidas hídricas cutáneas.

  • Adultos

En general, se considera que es adecuado en adultos una ingesta de 2,5 L/día.

  • Embarazo y lactancia

No obstante, en determinadas situaciones fisiológicas, como el embarazo y la lactancia, se incrementan las necesidades de agua. Se recomienda un aumento entre 0,5-1 L/día en estas fases, para asegurar un estado de salud óptimo de la madre y del niño. En el embarazo la mujer necesita incrementar la ingesta de agua en 30 mL/día para el crecimiento del feto y para la formación del líquido amniótico. Durante el período de lactación se debe aumentar en 600-700 mL/día la ingesta habitual de agua para la producción de leche.

  • Tercera edad

Lograr una adecuada ingesta hídrica supone uno de los principales problemas en las personas de edad avanzada. En este colectivo, habitualmente, la ingesta líquida se ve comprometida como consecuencia de múltiples factores como: alteraciones del mecanismo de la sed, consumo de fármacos, falta de accesibilidad, restricciones en el consumo de líquidos por temor a la incontinencia urinaria, alteraciones del nivel cognitivo, etc.

  • Actividad física

Por oto lado, en el deporte, una correcta alimentación lleva implícita una adecuada hidratación. Hay que cuidar el aporte de agua antes, durante y después de los esfuerzos deportivos, sobre todos en los de larga duración y los llevados a cabo en condiciones de calor extremo.

 

Tengo sed

La sed es un indicador para regir lo que tenemos que beber, pero sin embargo: «A veces la sed aparece cuando ya existe una cierta deshidratación. Hay ciertos grupos de edad donde esto no funciona, como los niños y personas mayores, el signo de sed es tardío o inadecuado, muchas veces no responde a una necesidad real», advierte Serra- Majem.

Aparte de la sed, existen ciertos indicadores que, con un simple gesto, nos pueden señalar nuestro estado de hidratación. Uno de ellos es el color de nuestra orina: «si son claras indican un aumento de hidratación, y orinas más oscuras indican una cierta deshidratación». Y el otro es la pérdida de peso: «cuando se realiza una actividad física intensa o incluso dormidos, la pérdida de peso es un síntoma de pérdida de agua».

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